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La pérdida de Seguridad Social y del acceso a la salud: derechos laborales de las Mujeres

Carmen R. Ponce Meléndez*

Las mujeres trabajadoras del país han perdido en forma creciente su acceso a la seguridad social y con ello la atención de la salud, entre otros aspectos.
Se ha deslaborizado la seguridad social. Hasta hace apenas 30 años, tener un empleo implicaba tener seguridad social, ahora ya no. Eso es producto del neoliberalismo, la globalización y la flexibilidad laboral.
Está grave situación ha ocasionado cuatro importantes problemas:
1. A nivel internacional ha crecido en forma abundante el número de trabajadores y trabajadoras en la informalidad laboral -sin seguridad social, según definición de la Organización Internacional del Trabajo-, a tal punto que hoy en México 57.7 por ciento de las trabajadores están sin seguridad social y 51.9 de los hombres, más de la mitad no cuentan con seguridad social. Pero a nivel de los estados del país, estas cifras varían en forma importante. En Oaxaca, Puebla o Chiapas llega ser el 80 por ciento (8 de cada diez trabajadoras no cuentan con seguridad social): son los estados con los índices de pobreza más altos. (Datos al 4to. Trimestre, 2016 de Enoe-Inegi).
2. Se ha perdido la noción de que la seguridad social es un derecho laboral, producto de las luchas y conquistas de la clase trabajadora, como lo es la jornada de ocho horas, o el derecho a huelga. Esas conquistas costaron muchas vidas, huelgas y presos o presas políticas a lo largo de la historia.
Actualmente las nuevas generaciones ven la seguridad social como un privilegio, producto de la generosidad de los patrones y si no la otorgan pues ni modo, difícilmente se plantean “pelear” por obtenerlas o no permitir que se las nieguen. Incluso los salarios son tan bajos que muchos trabajadores o trabajadoras en el momento de ser contratados aceptan voluntariamente no ser registrados en el Seguro Social, para ganar un mejor salario, claro a propuesta del empleador.
3. Se ha creado una nueva jerarquización entre la clase trabajadora: las que tienen seguridad social y sindicalización y las que no la tienen. Las diferencias entre ellas no sólo son económicas, también culturales y, sobre todo, políticas. Trabajadoras de primera y trabajadoras de segunda. Todo un reto para las organizaciones políticas, llámense sindicatos o partidos.
4. Las Instituciones de Seguridad Social, como el IMSS y el ISSSTE, han visto debilitadas sus finanzas y el Estado prácticamente las ha abandonado. La atención que prestan a los derechohabientes es muy mala y tienen enormes carencias, por falta de presupuesto: personal médico, enfermeras, medicamentos, camas, hospitales, instrumental médico, etc., etc.
FLEXIBILIDAD LABORAL Y SEGURIDAD SOCIAL
La flexibilidad laboral o desregulación del mercado de trabajo hace referencia a la fijación de un modelo regulador de los derechos laborales que elimine trabas y regulaciones para contratar y despedir empleados por parte de las empresas y organizaciones privadas.
Para empezar, se ha perdido la estabilidad laboral y en cualquier momento las personas pueden perder el empleo, se facilitó despedirlas.
En tanto que la seguridad social permite que el trabajador o trabajadora tenga acceso a jubilación, servicios médicos, sindicalización, escalafón, seguro de vida, seguro contra accidentes e invalidez, préstamos personales o hipotecarios y guarderías, entre otras prestaciones.
Por lo tanto también ha decrecido la tasa de sindicalización, pero sobre todo se ha debilitado muchísimo su fuerza política y su capacidad de negociación, especialmente en las mujeres. Por ejemplo, sólo el 20 por ciento de las mujeres de la tercera edad cuenta con pensión de jubilación, la gran mayoría está condenada a una vejez con pobreza y enferma.
En el caso de las trabajadoras jóvenes con hijos, éstos son cuidados por familiares en un 70 por ciento, por carecer de seguridad social, por tanto de guarderías. Este proyecto ha sido abandonando por el Estado, gradualmente.
Por ejemplo, en el gasto para la igualdad de género, del Presupuesto de Egresos de la Federación, tan sólo el 10 por ciento se destina a guarderías.
Según el Banco Mundial, la Seguridad Social representa un plus del salario de más del 19 por ciento, por lo consiguiente carecer de ella es un factor importante de pobreza, causa pobreza. En el caso de México se combina con muy bajos salarios, que impiden costear en forma privada los servicios que otorga la seguridad social como servicios médicos, préstamos, seguros de vida o guarderías.
También esta informalidad laboral tiene un efecto en las instituciones como el Seguro Social o el ISSSTE, ya que ellos o ellas no cotizan en esas instituciones, debilitando así sus finanzas. Otro efecto importante es la disminución en la productividad laboral, uno de los pretextos favoritos para no aumentar los salarios.
EMPRESAS O INSTITUCIONES QUE CONFORMAN LA INFORMALIDAD LABORAL
Básicamente cuatro: el Sector informal (comercio ambulante); los y las trabajadoras agropecuarios; las trabajadoras del hogar y, por último, el que más ha crecido, las instituciones públicas o privadas formales que generan un empleo informal. Es el caso del Gobierno de la Ciudad de México con sus contratos por honorarios, donde las trabajadoras firman contratos cada mes, sin crear derechos laborales, como la seguridad social.
Son escandalosas las cifras de la población trabajadora sin acceso a instituciones de Salud. A nivel nacional, 61 de cada 100 trabajadoras –más de la mitad- no tienen acceso a instituciones de salud; son 12.2 millones de mujeres de un total de 19. 9 millones de mujeres trabajadoras (ver gráfica). Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, 4to. Trimestre de 2016.
Pero su crecimiento en el período 2005-2016 (11 años) es muy alto, alcanza el 22 por ciento . Significa que estas trabajadoras y sus familias (hijos o padres) para poder atender algún problema de salud tiene varias opciones: la medicina privada, que es carísima, el Seguro Popular o los consultorios del “Doctor Simi”.

Pero tanto el Seguro Popular como el “Doctor Simi” no dan seguridad social, además el Seguro Popular sólo cubre el 10 de las enfermedades que cubre el Seguro Social y su cuadro básico de medicinas es más pobre que el del Seguro Social, que ya es mucho decir. También existe un grave problema: el creciente deterioro de las Instituciones de Seguridad Social y su gradual privatización
Se está incubando en la población del país graves problemas de salud. En las últimas cifras del Sector Salud apareció que, por primera vez en más de 30 años, había disminuido la esperanza de vida y eso es muy grave. Ésta había mantenido una tendencia creciente desde los años treinta.
También aumentó la mortandad infantil en niños o niñas de 0-4 años, y en estados como Chihuahua o Baja California, no se crea que en Chiapas o Puebla. Según datos de Inegi (2016), las tres primeras causas de mortandad en las mujeres son: enfermedades isquémicas del corazón; diabetes mellitus y tumores malignos (de mama y cuello de útero).
Justamente, los medicamentos que ha cancelado el IMSS o el ISSSTE para sus pacientes son los destinados a enfermedades crónico degenerativas (los más caros), como la diabetes o las enfermedades del corazón. Claro, también redujeron los antibióticos, dejando sólo los más baratos y así muchos otros medicamentos, además se cancelaron los vales. En perjuicio de la salud de las mujeres.
¿Es posible revertir esta pérdida de la Seguridad Social? Por supuesto, luchando por los derechos laborales y generando información sobre el tema, para empezar.
* Economista especializada en temas de género.
Twitter: @ramonaponce

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