No es la primera vez que el populismo asoma en el escenario de los políticos y sus afanes de penetrar las simpatías de la sociedad que gobiernan.
Es complicado definir si eso es gobernar o forma ya parte de ello –pues recibe cierto rechazo popular- , pero lo cierto es que éstos recurren a todo tipo de argucias, desde sembrar árboles cuando ni en su jardín domiciliario, lo hacen, cuando tienen personal a su cargo para ello, hasta lo que hoy vemos en pintar guarniciones de banquetas.
Pero resulta que ha sido ya, manera en todos los gobernantes, y como bien dijeron, solo falta el presidente, pintando Los Pinos.
Esas acciones no son propias de los que mandan. No es necesario; la sociedad que gobierna demanda otras cosas de sus elegidos para el gobierno, y no populismos baratos: acciones que conlleven a la mejoría social en su conjunto, no la banqueta de una cuadra, no los árboles de un parque, no la pintura de un edificio público.

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